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Su gran pasión por la arquitectura y su conservación, han llevado a la arquitecta puertorriqueña Diana Luna Serbiá a convertirse en una gran defensora de nuestro patrimonio histórico y en una educadora del tema. Quizá influyó haberse criado en una hermosa casa antigua de 1882… o la investigación que realizara para su proyecto de tesis acerca de los usos mixtos de la zona histórica de su pueblo de Guayama… Cualquiera fuera el motivo, esta profesional tiene muy clara su misión de educar, para que esta y las generaciones futuras aprendamos a valorar nuestra historia edificada.

Para ella, “la arquitectura es lo que queda cuando ya no estamos”. Precisamente eso es lo que visitamos cuando viajamos a otros países. Pero en Puerto Rico, Luna Serbiá considera que al tema de la historia de nuestra arquitectura no se le ha dado la importancia que merece.

La reconocida arquitecta, quien presidió el Capítulo de Puerto Rico del American Institute of Architects en 2009, fue parte integral del proceso de designación de la zona histórica de Guayama en 1992. El proyecto, impulsado por el entonces alcalde Héctor Luis Colón Mendoza, nació de la convicción de que el patrimonio histórico debe preservarse.

Esa visión compartida por ella, es el corazón de su nuevo proyecto: el calendario Guayama en 1992, Patrimonio Histórico, en el que muestra detalles de estructuras que fotografió durante su investigación.

La idea inicial fue crear un libro, pero decidió comenzar con algo más sencillo que sirviera como vehículo educativo y fuera el inicio de una serie de proyectos en agenda.

“Era el momento indicado. Este año el pueblo de Guayama celebra 279 años de fundado”, dice la arquitecta, egresada de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico.

En la introducción del calendario, Luna Serbiá señala que este tiene “el propósito de valorar a las generaciones que han conservado la historia y educar a las futuras generaciones, a las que les tocará la responsabilidad de mantenerla”.

Según relata, hoy día el tema de la conservación es aceptado, pero en 1992 no era bien vista por muchos. “Era la época en que nos arropaba el ‘progreso’ de la construcción de casas modernas y la demolición de lo que fuera ‘viejo’. Existía la mentalidad errónea de demoler la madera porque el hormigón era más ‘seguro’, cuando en realidad, las maderas antiguas que tienen resina no se queman fácilmente”, indica la experta, quien ha realizado investigaciones similares en otros municipios.

Luego de arduas batallas, la designación de la zona histórica de Guayama se dio, siendo la cuarta ciudad de la Isla en obtenerla. “Si no hubiéramos hecho ese trabajo, ese patrimonio histórico se hubiera perdido. Esto requiere un compromiso. Es necesario educar al pueblo para defender estas estructuras”, recalca la arquitecta, cuyo compromiso no se queda en el papel, ya que en su práctica profesional no hace demoliciones.

Como parte de las investigaciones, se encontraron detalles muy interesantes, como por ejemplo, que los planos de 1899 del pueblo muestran que este se diseñó y planificó en cuadrículas perfectas, con una cruz cristiana encabezada por la iglesia y la plaza, y que termina en el cementerio.

“Los planos de años siguientes indican que se respetó el sistema de cuadrículas mientras el pueblo fue creciendo”, agrega quien cree que hay que entender la importancia de la planificación y el cuidado de los centros urbanos.

Por su parte, Luna Serbiá espera que la crisis que vivimos “nos lleve a volver a mirar la importancia de la sustentabilidad”. Asegura que no es imposible, “pero es vital la constancia, la visión, el deseo de rescatar este patrimonio histórico. Hay trabajo que hacer y el terreno está fértil”.

Para adquirir el calendario, visite: www.arquitecturadepuertorico.com. Una parte de los fondos recaudados serán destinados a ayudar al Museo de Historia y Arte de Guayama.

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