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Deseaban tener un espacio al aire libre que les conectara con la naturaleza que rodea su hogar, y que no solo sirviera como un área de descanso, sino que también les permitiera realizar actividades familiares. Un recinto donde poder aislarse de la actividad que se genera en el hogar y facilitar el desarrollo de funciones más distendidas y conectadas con el paisaje. Así nació el pabellón de la Casa Torcuato.

Ya habíamos reseñado anteriormente los interiores de esta residencia ubicada en Buenos Aires, Argentina, cuyos propietarios (un matrimonio con un hijo adolescente) mostraron gran interés en realizar una casa de hormigón, por la línea de diseño de la firma Besonías Almeida Arquitectos.

Esta cuenta con tres dormitorios, una generosa sala de estar (o “family”) con chimenea y un comedor integrado a la cocina. En fin, una vivienda de uso permanente que solo tenía un requerimiento especial: que les brindara la posibilidad de vivir intensamente, tanto los espacios interiores como los exteriores.

En esta ocasión, el pabellón solicitado debía ser un espacio indeterminado ya que su uso también lo seria, pero confortable tanto en invierno como en verano. Además, pidieron un baño de uso exterior y un pequeño depósito general. En cuanto al lugar seleccionado por los propietarios para ubicar el pabellón, este fue el sector más alejado de la vivienda, próximo a los árboles existentes en el lote.

De hecho, el terreno donde está localizada la residencia, es un “country” fundado en 1950 que posee una espléndida forestación. Allí distintas especies de árboles y arbustos le otorgan valor paisajístico durante todo el año. Su fondo da a un espacio común muy arbolado con especies perennes, y en el frente, dos fresnos dan sombra en el verano.

Para el diseño y la construcción del pabellón, los arquitectos partieron de sucesivos plegados de la envolvente de hormigón. De esta forma se consiguió dotar a este pequeño edificio de la suficiente intimidad visual y sonora en relación con su entorno, y así cumplir con el pedido de un espacio que facilite la realización de actividades pasivas y de introspección. Este recurso también permite definir una expansión que se alarga para incorporarse al paisaje, resaltar los accesos tanto al baño como al espacio multiuso, y dejar oculto el depósito.

La superficie construida fue de 45 m2 (484.37 pies cuadrados), más la piscina y un “solárium”, en un terreno de 810 m2 (8718.767 pies cuadrados).

En el interior del pabellón, de estilo minimalista, se destacan los pisos de madera y la iluminación tenue, aparte de los reflectores de luces indirectas para las plantas. El mobiliario consta de mueble de piel negro, una mesa de centro de cristal y dos sillas blancas en la parte exterior. De otra parte, una banca de concreto empotrada a la pared corre a lo largo de toda la estructura (interior y exterior), proveyendo espacio adicional para sentarse.

Este proyecto estuvo a cargo de los arquitectos María Victoria Besonías y Guillermo de Almeida, de Besonías Almeida Arquitectos, con la colaboración de los arquitectos Micaela Salibe y Guido Galluppo. Para contactarlos, puede acceder http://besoniasalmeida.com

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