_mg_918182v2Disfrutar de la vida es un arte. Sea que se trate de un viaje, compartir en familia o gozar de una rica cena en nuestro lugar favorito, pasar un buen rato nos brinda felicidad, recarga nuestras baterías y crea nuevos momentos para recordar.

Un lugar especializado en esto es precisamente el restaurante Disfrutar, que hace honor a su nombre al ofrecer una ambientación perfecta para degustar una deliciosa comida en un ambiente moderno, cómodo y acogedor.

Ubicado en la Calle Villarroel 163, en Barcelona, España, este local cuenta con un diseño excepcional que puede recorrerse desde varios puntos de partida.

Por un lado, el local. Este es singular y arriesgado, tanto en su forma como en su localización (en una activa calle del distrito Eixample), y exige una respuesta inmediata. Al llegar le recibe una fachada pequeña y estrecha, pero luego el espacio se amplía, se relaja y se llena de luz a medida que se atraviesa el lugar hasta llegar al patio y su amplia terraza.

Por otro lado, están los valores que los propietarios aspiran transmitir a sus visitantes. Para ellos lo más importante es la calidad, la naturalidad y la humildad en su cocina. Su propuesta transmite algo de la esencia del Mediterráneo, desde el respeto a su historia y su naturaleza privilegiada, hasta la admiración por sus artesanos, artistas y arquitectos que han transformado esa esencia en piezas de gran belleza. Es una actitud que invita a experimentar con los cinco sentidos y a gozar del placer de la buena vida y el buen comer.

Para el diseño de Disfrutar, los arquitectos diferenciaron claramente dos ambientes: uno más urbano y activo hacia la ciudad, donde se sitúan la barra y la bodega, y otro más natural y pausado hacia el patio interior, donde están el comedor principal y la terraza. Uniendo ambas zonas está el corazón del local: la cocina.

Uno de los materiales más utilizados y que recorre todo el local es la cerámica, que proyecta naturalidad, humildad y respeto a la historia y herencia del Mediterráneo. En cada uno de los espacios esta se transforma en un nuevo material que ayuda a dotarlos de singularidad.

En la zona de acceso se encuentran referencias más urbanas, como estructuras metálicas del mercado del Ninot, situado al otro lado de la calle, y cerámica utilizada de manera casi artística, con planos de azulejos monocromáticos que parecen gran mural “mironiano” deconstruido.

De otra parte, en la cocina —que describen como el horno real y metafórico del restaurante donde se cuecen todas las historias— la cerámica se muestra en su formato más humilde. Aquí hay piezas de ladrillos recién horneados en su color original que constituyen un límite a la vista del cliente, pero dejan ver el interior de este “horno” dorado y caliente.

Una vez se atraviesa la cocina se encuentra el comedor principal, un espacio amplio y luminoso que le transporta fuera de la ciudad a un ambiente más natural. En esta área las paredes, techos y suelos son blancos. Además, cuenta con huecos o ventanas a través de los cuales aparece el color, siempre mediterráneo, como el verdor de los arbustos o el azul del cielo.

Este proyecto estuvo a cargo de Oliver Franz Schmidt, Natali Canas del Pozo y Lucas Echeveste Lacy, de El Equipo Creativo. Puede contactarlos a través de su página www.elequipocreativo.com.

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