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Rodeada de un gran paisaje natural, esta casa campestre aprovecha el clima cálido, los vientos y las excelentes condiciones del verano extremo de su localización, mientras crea un contraste con el colorido de las montañas. El diseño fue una combinación de la imaginación de sus propietarios, quienes viven en Estados Unidos, y algunos referentes norteamericanos que querían desarrollar para lograr la casa de campo de sus sueños.

Este paraíso ubicado en Medellín, Colombia, es parte de un complejo de 300 parcelas en un lote escarpado a una altura de 770 metros (2526.24 pies) sobre el nivel del mar. Para la construcción se analizaron las fortalezas climáticas del lugar en las distintas épocas del año, así como la dirección de los vientos, la intensidad de las lluvias y el movimiento y recorrido del sol. Esto permitió lograr la mejor ubicación de la casa y definió las premisas para sacarle provecho al paisaje.

Además, como parte de las consideraciones del diseño hubo dos aspectos fundamentales en el cuidado y la protección del medioambiente: sistema alternativo de energía solar y sistema de funcionamiento de la piscina sin químicos.

Es así como la casa cuenta con un sistema de energía solar ubicado en la cubierta con una red independiente de energía, lo que permite que la casa capte la energía solar durante el día. Esto baja el consumo y los costos de mantenimiento.

Por otro lado, la piscina de tres niveles (niños, área pasiva y adultos con jacuzzi) funciona con sal mineral, con un proceso de ionización en vez de cloro, lo que protege el medioambiente, la piel y los ojos de los usuarios. Tiene forma irregular y un sistema de chorros o juegos de agua hacia la superficie que hacen que la piscina se autocontrole y conduzca las impurezas y la basura hacia el cárcamo para mantenerla limpia.

El acceso a la casa se da por un camino de piedra desde la vía principal. La residencia cuenta con dos niveles y un área de sótanos en donde se desarrollan 380 m2 (4090.28 pies cuadrados) construidos. En el primer nivel hay un acceso y una terraza hacia la piscina, articulada a los espacios sociales. Aquí están la sala de doble altura con vistas al Cerro Tusa, la cocina totalmente abierta y la terraza extendida de la cocina con un gran comedor al aire libre cubierto de plantas que proveen sombra en las horas más calientes. También hay una alacena, zona de ropas que se compone de patio y zona húmeda, y el cuarto útil para el almacenamiento de la energía solar.

En el segundo nivel hay tres alcobas con sus respectivos baños, una sala de estar y una gran terraza en el dormitorio principal. De hecho, la casa posee 110 m2 (1184.03 pies cuadrados) de terrazas y áreas libres en el primer nivel. Hay cuatro alcobas adicionales con su baño con duchas descubiertas y un gran ventanal de madera que permite abrirlas parcial o totalmente.

Para complacer un pedido especial del dueño, atendiendo las costumbres de su hábitat en Estados Unidos, se desarrolló una sala de cine en el primer nivel y una cava de vinos en el sótano cerca de la piscina.

El sistema constructivo del hogar fue mampostería reforzada con ladrillo, buscando que los muros sirvieran de barrera del calor para garantizar la frescura de la casa. La estructura en las cubiertas es de madera de abarco y los tendidos del techo son en súper board para simular las cubiertas de las viejas construcciones de la colonización antioqueña. De otra parte las puertas, las ventanas y la cocina se realizaron con madera de cedro rojo, elaboradas por expertos ebanistas.

Sin duda, todo un paraíso natural del que tanto el propietario como sus familiares y amigos se han enamorado.

El diseño general y la coordinación de todos los diseños y supervisión arquitectónica estuvo a cargo del arquitecto Juan David Mesa Villegas, mientras que el diseño estructural fue del ingeniero civil Luis Roberto Correa y la construcción a cargo del técnico Bernardo Gómez. Puede contactarlos en su página www.juanmesavillegas.com

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