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Ubicado en el cajón de un río flanqueado por altos acantilados, se encuentra la Casa Carpa en Palguín, IX Región en Chile. Este lugar montañoso, cerca del Parque Nacional Villarrica, no puede accederse en invierno por la nieve, así que la vivienda se pensó como una casa de verano. Además, su estilo rústico es perfecto para los propietarios, ya que son acampadores y amantes de la naturaleza.

Precisamente con eso en mente, es que se dio forma al proyecto. Se pensó en armar un espacio permanente, donde la cualidad principal sería un gran espacio unitario bajo un manto. Así se diseñó un gran manto de madera que envuelve la casa y de cabida al habitar comunitario.

Los deslindes del sitio son artificiales, por lo que se optó por armar un proyecto que conformara los cerramientos y constituyera el sitio dentro del condominio, logrando generar un espacio domesticado y aislado de los vecinos. Todo el espacio delante de la casa sería arquitecturizado con terrazas y pasarelas, a partir del paisajismo natural del lugar, dado por árboles escultóricos caídos de un antiguo incendio.

“El antes de la casa se construyó con un gran muro curvo que recibe y se traspasa. Es el gesto de las manos en la distancia exacta, en que aún mantiene una relación, que quiere dar cuenta del ‘aire invisible que mantiene las moléculas cohesionadas y conforma la materia’”, comenta en su descripción la arquitecta Cazú Zegers, a cargo del proyecto.

En el diseño de la casa se consideró una carga de nieve máxima de 1.80 mts. (5.9 pies), que ha sido el promedio de los últimos 80 años; pero ese invierno, cayeron 3.00 mts. (9.8 pies) de nieve, lo que obligó al calculista a sobreestructurar la casa para lograr mantener el vacío unitario en el interior. Con esto el proyecto se salió de presupuesto.

Se decidió replantear el partido arquitectónico a partir del mismo gesto inicial; conformar el terreno con la arquitectura, esta vez abriéndose hacia el sitio y las vistas, en vez de contenerse. Se optó por un sistema estructural que independizó la cubierta de los muros perimetrales, para poder desarrollar dos construcciones paralelas. Por medio de fundaciones y cubierta en el lugar, y muros de cerramiento con el sistema prefabricado de Termocret, se ganó tiempo de construcción para dejar la obra gruesa terminada antes de que llegara el invierno.

El cambio de estrategia en la forma a partir del cambio en el partido arquitectónico, permitió lograr el costo de obra estipulados por los propietarios y acortar el tiempo de construcción.

La superficie construida fueron 130 metros cuadrados (1,399.3 pies cuadrados) y los pavimentos y el revestimiento de los muros se hizo en entablado de madera nativa. El mobiliario incorporado es de cohigüe, árbol nativo de Chile.

La arquiteca a cargo de este proyecto fue Cazú Zegers, del Estudio Cazú Segers Arquitectura, y contó con la colaboración de Francisco García-Huidobro, del Grupo AIRA. Para contactarla, puedes acceder su página: www.cazuzegers.cl.

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